domingo, 4 de marzo de 2012

Pablo Neruda: el poeta no es un "pequeño dios"



La extensa y dilatada obra de Pablo Neruda resume la historia de la lírica latinoamericana contemporánea y lo convierte en uno de los mayores poetas del continente.

Una pequeña introducción

Pablo Neruda (cuyo verdadero nombre era Ricardo Eliecer Neftalí Basoalto) nació el 12 de julio de 1904, en la ciudad de Parral, en la región de Maule, al sur de Santiago de Chile.

En 1923 Pablo Neruda publico su primer libro, Crepusculario, que recogía poemas pertenecientes a dos obras inéditas, y a continuación escribió El hondero entusiasta, gran parte del cual fue destruido por el propio poeta. A estos poemarios iniciales siguió Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924), libro que le hizo famoso y que ejerció gran influjo sobre autores de la época, tanto de América como de España.



EL POETA NO ES UN PEQUEÑO DIOS

El poeta no es un "pequeño dios". No, no es un "pequeño dios". No está signado por un destino cabalístico superior al de quienes ejercen otros menesteres y oficios. A menudo expresé que el mejor poeta es el hombre que nos entrega el pan de cada día: el pandero más próximo, que no se cree dios. Él cumple su majestuosa y humilde faena de amasar, meter al horno, dorar y entregar el pan de cada día, con una obligación comunitaria

Y si el poeta llega a alcanzar esa sencilla conciencia, podrá también la sencilla conciencia convertirse en parte de una colosal artesanía, de una construcción simple o complicada, que es la construcción de la sociedad, la transformación de las condiciones que rodean al hombre, la entrega de la mercadería: pan, verdad, vino, sueños.


Si el poeta se incorpora a esa nunca gastada lucha por consignar cada uno en manos de los otros su ración de compromiso, su dedicación y su ternura al trabajo común de cada día y de todos los hombre, el poeta tomará parte en ele sudor, en el pan, en el vino, en el sueño de la humanidad entera. Solo por ese camino inalienable de ser hombres comunes llegaremos a restituirle a la poesía el anchuroso espacio que le van recortando en cada época, que le vamos recortando en cada época nosotros mismos. >>

Fragmento de La poesía no habrá cantando en vano, discurso pronunciado con motivo de la entrega del premio Nobel de literatura (1971).




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