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martes, 13 de marzo de 2012

Errores del empresario mediocre


Os dejo un artículo de Alejandro Suárez Sánchez-Ocaña.

"Los 10 errores más comunes del emprendedor español"


Algunos amigos me preguntan con frecuencia sobre los errores más habituales a la hora de montar una empresa. Limitarme a ofrecer un listado sería temerario. Hay muchos errores, y muy diferentes entre sí. Aún así, éstos son algunos de los más habituales que me encuentro:


Falta de formación en gestión empresarial


Es cierto que no resulta imprescindible tener una formación empresarial, y que ésta no es la panacea (por ejemplo, un MBA en una escuela de negocios). Pero, evidentemente, ayuda. Escuché una vez decir a Luis Martin Cabiedes, Socio de Cabiedes and Partners SCR, que en un estudio que había realizado sobre las ventas de empresas y casos de más éxito en el sector de internet tan solo uno de los emprendedores no había realizado un MBA.


Si bien es cierto que los 'Self–made man' existen , no lo es menos que la formación minimiza el porcentaje de fracasos.


Falta de motivación del promotor del negocio


La motivación, el hambre y las ganas de comerse el mundo, conjugados con el esfuerzo, son el principal factor de éxito de un emprendedor. Tristemente la crisis está atrayendo a muchos perfiles de emprendedores por necesidad, igualmente válidos, aunque indudablemente con mayor índice de trabajo.


Elegir socios problemáticos


En ocasiones los socios son como los bancos: un mal necesario. Es realmente difícil encontrar buenos compañeros de camino, pero también es cierto que si quieres llegar rápido es mejor ir solo. Si quieres llegar lejos, ve bien acompañado.


No disponer de un buen equipo


Es el gran talón de Aquiles, y está muy relacionado con los problemas de financiación. El emprendedor está renunciando a rodearse de un buen equipo por problemas financieros, y se está convirtiendo en un hombre orquesta.


Empezar con poca liquidez


Esto está muy relacionado con el cierre de financiación. De tanto agudizar el ingenio para "necesitar menos capital", acaba siendo un problema, ya que en las previsiones iniciales se minimizan gastos necesarios para el correcto desarrollo del proceso. Muchas empresas que observo tienen problemas de liquidez a los 6–12 meses debido a una mala previsión de gastos.


Demasiados costes fijos


Somos un mercado pequeño que se encuentra en un momento de parón de consumo. En este momento son especialmente positivas las estructuras ligeras, ágiles y con un costo operativo fijo que no suponga un lastre.


Creer que, si el producto es bueno, se vende solo


Craso error. El marketing y la comunicación son imprescindibles. De hecho, hoy en día nada se vende sin una buena estrategia de comunicación. Hay que llegar al consumidor, no esperar a que él nos encuentre por sí mismo. Buscar clientes es tu trabajo, no el del cliente.


Apostar por un mercado


Si el mundo es cada vez más global, ¿por qué no serlo nosotros? No limitarnos a mercados emergentes tiene sentido. Esos mercados tienen más competencia, pero son más dinámicos que el nuestro. Si la solución no está en el mercado local, internet nos permite abrir una ventana al mundo.


Confundir una buena idea con una oportunidad


Hay muchas buenas ideas a nuestro alrededor. Si piensas un poco, se te ocurrirán decenas. Es importante analizar el contexto para saber si una buena idea puede ser una buena idea "ahora" y "para mí", y que, por lo tanto, eso represente una oportunidad para nosotros.


No admitir y corregir los errores a tiempo


Lo llevamos inscrito en nuestro código genético: generalmente somos muy persistentes para lo bueno y para lo malo. Muchos emprendedores se obcecan en pensar que todos los consumidores son como él y que deben compartir sus criterios. Si eso no lleva a un éxito inmediato, se empeñan en demostrar al mundo que están equivocados. Esa insistencia es un buen signo, pero debe tener un límite. Llegado a él debemos valorar y pensar, sin soberbia, si tal vez éramos nosotros los que estábamos equivocados

lunes, 13 de febrero de 2012

UNA VIEJA DAMA LLAMADA SELECTIVIDAD

A continuación os dejo un artículo publicado en el periódico de Ciudad Real Lanza, el 19 de Septiembre de 2011

Este artículo lo ha realizado mi antiguo profesor de Lengua y Literatura, el cual ha sabido levantarse tras las acometidas de la vida. Te deseo lo mejor.



UNA VIEJA DAMA LLAMADA SELECTIVIDAD

Desde que en el examen de la llamada Selectividad (ya sé que se llama prueba de acceso a las enseñanzas universitarias oficiales de grado, es decir, PAEG), correspondiente a la asignatura (ya sé que ahora no se llama así) de Lengua castellana y literatura, puede salir sola y exclusivamente un texto «divulgativo-informativo», el alumno se puede encontrar con cualquier texto de autores tan extraordinarios como una antigua ministra, de cuyo nombre, aunque no quiero acordarme, me acuerdo; un periodista excelente, o no tanto; o cualquier otro autor de los buenos que tenemos en España. Eso sí, nunca se podrá encontrar con un texto de Bécquer o Galdós, Unamuno o Machado, Lorca o Gerardo Diego, Delibes o Buero Vallejo. Menos de Gabriel Celaya; y, por supuesto, León Felipe no estará nunca entre los elegidos. Ni siquiera García Montero ni César Antonio Molina, aunque este fue ministro hace poco tiempo.


Por eso, que salga un texto contra Esperanza Aguirre es una insignificancia. El problema no está en que el texto «divulgativo-informativo» sea un ataque a Esperanza o a Zapatero; el problema está en que, en segundo de bachillerato, no hay, al menos oficialmente, lecturas obligatorias; en que nunca, nunca, nunca, podrá el alumno elegir un texto literario (Clarín, Juan Ramón Jiménez, Valle-Inclán, Alberti, Salinas, Alfonso Sastre, Eduardo Mendoza, Carmen Laforet… no tienen la altura suficiente para aparecer, por lo menos, en una de las dos opciones que se presentan). El problema está en que los textos literarios son menos importantes que los periodísticos o los humanísticos, pongo por caso. Todos son importantes, creo yo; pero en una asignatura que se llama Lengua castellana y literatura me parece que hasta un poema del olvidado (por la izquierda y la derecha) León Felipe debería tener prioridad sobre un texto de un periodista, por muy bueno que este sea. O al menos aparecer en una opción el periodista y en la otra el propio León Felipe, Benítez Reyes, Miguel Hernández o Pío Baroja.

El caso del texto, que en este duro septiembre ha salido a los alumnos castellano-manchegos, es un ejemplo más de lo mal que está la enseñanza. Pero no el texto en sí, sino todo lo que hay a su alrededor. Hoy los toros, el carnaval y hasta el botellón son los máximos ejemplos de nuestra cultura. Pero comentar un texto de Azorín o de Martín Recuerda, comentar un poema de Dámaso Alonso o José Ángel Valente es una aberración, incluso si se propone en un examen de Lengua castellana y literatura.

¿Cuándo veremos que el emperador va desnudo? Bueno, verlo, lo vemos; pero decimos que lleva el más maravilloso de los trajes: el de la incultura.


Jerónimo Anaya Flores.
Profesor de Lengua castellana y literatura